¡Daaalí!

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Yo lo nombraría Hombre del Siglo. Ahora vuelve, arrollador, al Reina Sofía. La primera vez que lo vi fue al término de una noche brava que empezó en Figueras y terminó en Port Lligat. Acababa yo de leer el mejor libro escrito por un español con posterioridad a Cervantes: La vida secreta de Salvador Dalí. Corría 1975. Salí del hotel tambaleándome por la resaca y me topé con el pintor, ataviado con traje de raya diplomática y calzado como un payés, que buscaba hierbas a cuatro patas. Me dio los buenos días y siguió escarbando. En el verano del 80 me recibió en su casa y me dijo que Dios empequeñecía a cada instante, que ya cabía en el puño de su bastón y que pronto se necesitaría un microscopio para verlo. Echó después una buena regañina a Luis Racionero por creer en la existencia de los ovnis. Luego apareció Gala y todos enmudecimos. Aquella bruja imponía. Muchos años atrás, a finales de los cuarenta, Dalí había inventado la forma de frenar los escraches. Acudían al pie de su casa los horteras estabulados en los autobuses de Educación y Descanso –algo parecido al Imserso de hoy– y se ponían a berrear aquello de “sal al balcón, mi querida mariposa”. Dalí, impertérrito, salía y saludaba. Los gamberros enmudecían sin necesidad de que Gala hiciese acto de presencia y, desconcertados, emprendían la retirada. Poco después de morir el Caudillo inauguraron una fuente dedicada al artista en una plaza de Barcelona. Dalí asistió al acto en compañía de sus fieles (Amanda Lear y Eduardo Úrculo, que fue quien me lo contó, entre ellos). Había alcaldes, concejales, gobernadores y gentes así. De la fuente emergía un surtidor. Dalí sacó un huevo del bolsillo e hizo ademán de meterse en el agua para colocarlo sobre el chorro asegurando que se sostendría debido a no sé qué vainas del ácido oxidorribonucleico, pero se lo impidieron. Lo intentó un ordenanza y el huevo se estrelló. Dalí, desolado, dijo que no tenía más, y uno de los prebostes, solícito, envió al mandadero a la pollería. Volvió el buen hombre con un cartucho de papel de estraza y… Final de la historia: el suelo de la fuente lleno de cáscaras y las autoridades, sin zapatos ni calcetines y con las perneras remangadas, colocando huevos y más huevos en lo alto del surtidor mientras Dalí se iba hacia los suyos, que contemplaban la escena a unos metros de distancia, y les decía: “¿Veis? Son como niños. Basta darles un juguete”. ¡Olé, maestro!

Publicado en “El Lobo Feroz”, El Mundo, 22 abril 2013


Publicado en: ...el 07 Mayo 2013 @ 13:08 Comentarios (5)

5 comentarios

  1. A 07 Mayo 2013 @ 16:45 Dragón humeante dijo:

    La inspiración la venía por los bigotes y la única diferencia entre él y un loco, es que él no estaba loco. Pero lo de “son como niños, basta darles un juguete” es de 10.

  2. A 08 Mayo 2013 @ 08:40 bubu dijo:

    http://www.youtube.com/watch?v=ssT4dudS42E

  3. A 08 Mayo 2013 @ 11:29 Er Manue dijo:

    Dali era Avida Dolars por catalan. No por ninguna otra circunstancia. Y hacia bien.

  4. A 08 Mayo 2013 @ 12:27 bubu dijo:

    Dalí era más folklórico que Lola Flores y La Jurado juntas. Picasso NO.

  5. A 08 Mayo 2013 @ 14:15 Lector dijo:

    Otra mariscada del PP

    Mariscada de 460 euros con cargo público para “celebrar” el cierre de la comisión sobre el accidente de Metro en Valencia.


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