EL LOBO FEROZ: Vidario

Es un neologismo. El inventor de éste se llama Andrés Trapiello. Viene el palabro en el décimo sexto volumen ―Troppo vero (Pre-Textos)― de su Salón de pasos perdidos. Una novela en marcha: así define su autor a la empresa literaria de mayor envergadura, por tamaño, estilo y calidad, que jamás se haya acometido en la historia de nuestras letras. ¿Exagero? Sí, pero muy poco. Sólo los Episodios Nacionales de Galdós rayan a la misma altura. No me obliguen a elegir entre Proust y Trapiello, porque elegiría a éste y a los envidiosos les saldría un sarpullido. Me acojo a mi libertad de lector, pues sin libertad no hay lectura. De lector fatigado, me apresuro a añadir, porque tampoco exagero si digo que a lo largo de la vida habré leído no menos de veinte mil títulos, lo que explica mi cansancio. «Para quien disfruta de la profunda ocupación de escribir, dice Trapiello, leer no es más que un placer secundario». Pocos, muy pocos son ya los libros que consiguen despertar mi interés, retener mi atención y recibir mi aprobación, pero una vez al año, una sola vez, desde hace quince, aguardo la salida de la nueva entrega de esta historia interminable con la misma expectación y avidez con la que en mi infancia acudía el 6 de enero al mirador en el que los Reyes Magos, atendiendo a mis súplicas escritas, descargaban los libros de sus alforjas. Ese advenimiento anual, esa fiesta del castellano, ese Pentecostés, el del Salón, me condena al dulce suplicio de pasar varias noches en vela. Dos, al menos, en el caso del que hablo, a más de otras tantas sobremesas, porque son libros que frisan ya en las ochocientas páginas. Me debes muchas horas de insomnio, Andrés, de igual modo que yo te adeudo el intenso y extenso placer que la lectura de tu novela en marcha me proporciona. Es un milagro. Resucito, como lector, con ella. Únase, pues, a tu troppo vero mi allegro con brio. Estamos en paz. O no, porque voy a citarte de nuevo y no eres tú, sino yo, quien cobra por la columna: «Esto, señores, no es más que un vidario, el lugar en el que concurren los sueños y las vidas de las gentes». ¡Ele! Tengo aquí a mi vera, junto a la mesa de trabajo, el Decálogo del Escritor de Hemingway. Su tercer mandamiento reza: «mézclate estrechamente con la vida». Trapiello sabe que sin ella la literatura carece de sentido. No repica hoy en nuestras letras ningún escritor tan alto, ancho, hondo y puro como él. Dicho queda. Deuda saldada hasta dentro de un año.

Publicado en: ...el 17 Abril 2010 @ 04:37 Comentarios (276)

EL LOBO FEROZ: Horror vacui

Todos nuestros políticos lo padecen. ¡Hay un vacío legal!, aúllan en cuanto alguien percibe una desmalladura en la tupida trama de la legislación vigente. Y corren desalados hacia las Cortes para sellar el resquicio con la silicona de un nuevo ucase. Éramos uno de los dos países que mayor número de normas, reglamentos, disposiciones y prohibiciones se veían obligados a soportar. Sólo Italia nos superaba. Ya no es así. A más códigos, preceptos y yugos, más trampas, sinvergonzonería y delincuencia, porque si todo lo legislado se cumpliese, cosa que gracias a nuestra proverbial condición de pícaros no ocurre, la sociedad quedaría inmovilizada y los españolitos se transformarían en dontancredos. Leyes, pocas, como en Alemania, y que se cumplan. Cuantas menos, mejor. Con dos, en realidad, bastarían: la de Sócrates y Jesús (trata al prójimo como a ti mismo) y la de Platón y Bakunin (mi libertad termina donde empieza la libertad ajena). ¿Tres poderes? Sobra, en España, uno: el legislativo. Suprimámoslo, pero no sin organizar antes un auto de fe similar al que hace unos días se ha celebrado en Italia. ¿Quién, sino Berlusconi, que es el mejor político europeo mal que les pese a los progres de la ceja y a los maricomplejines de la prensa conservadora, podía arrojar, literalmente, al rogo, que es como se llama en italiano la hoguera a la que antes iban a parar las brujas, 375.000 leyes? Sí, sí, han leído bien. No es una errata. ¿Les parece una enormidad? ¡Pues aún quedan 100.000, pero la escabechina no ha hecho más que empezar! Está, il Cavaliere, sembrado. Se atreve con todo. Rompe y rasga. Cumple lo que promete. Por eso ha vuelto a dejar ahora a los sparrings de la sinistra como al gallo de Morón. En 2008, cuando arrolló por tercera vez en las elecciones generales, dijo que haría lo que acaba de hacer: entrar a degüello, enarbolando machetes, en los manglares del laberinto de la legislación que asfixiaba y paralizaba el país. Creó, para ello, un ministerio ad hoc, el de la Simplificación, y puso a su frente a un hombre de la Liga Norte capaz de empuñar las tijeras de la poda con la energía de un capador de eunucos: Calderoli, el de la camiseta de la caricatura de Mahoma. Italia suelta lastre, se eleva, avanza. Zapatero tenía razón: ya la hemos adelantado, pero en sentido inverso, ya somos el país que más leyes soporta y que con mayor rapidez corre hacia atrás. Es il sorpasso, señores. Somos cangrejos. ¡Vivan las caenas!

EL LOBO FEROZ: Zapatetas

Don José de Lorenzo, don Gonzalo de Murga y don Martín Ferreiro, empleados de la Dirección de Hidrografía, publicaron en 1864, con pie de imprenta del Establecimiento Tipográfico de T. Fortanet, sito en el número 28 de la muy madrileña calle de la Libertad, a la que nunca se ha atrevido a cambiar de nombre el corregidor de turno, un Diccionario Marítimo Español que la Academia de la Lengua debería reeditar. Entresaco de él unas cuantas definiciones…

ZAPATAZO. Sacudida y golpe fuerte que da una vela que flamea o se está cargando con viento frescachón. Dícese también latigazo y es más violento que el gualdrapazo.

ZAPATEAR. Dar zapatazos una vela.

ZAPATEO. Acción de zapatear las velas.

ZAPATERÍA. Con esta voz se designa una mala maniobra.

ZAPATERO. Dícese del que maniobra o ha maniobrado mal, o no entiende la maniobra.

ZAPATO. Dícese del buque muy chico.

Treinta y cuatro años después de la publicación de esa joya lexicográfica se quedó el país sin pulso, llegó el Desastre, España fue a la bancarrota moral y material, y nació la generación del 98.

Sabido es que ahora todo va más deprisa.

Y hoy, por añadidura, ni siquiera contamos con el grito y la denuncia de Unamuno, Maeztu, Azorín, Baroja y Machado. Valle-Inclán era un modernista. Ortega llegó más tarde.

Tampoco existe ya -sería un consuelo- La Codorniz.

¿Viento frescachón? Seguro que los de mi quinta recuerdan aquel parte meteorológico: “Reina en todo España un fresco general procedente de Galicia…”.

Cerquita de León.

Con Franco, por lo menos, nos quedaba el recurso del chiste. Quien bien ríe…

Yo me río. Esta columna es sólo un divertimento. Melancólico, eso sí.

¿Qué otra cosa cabe hacer, aparte de dar España por perdida e irnos sin su música a otra parte? Estamos tocando fondo. Ya lo avisaron Gabriel Celaya y Paco Ibáñez.

¿Por qué el día 16 de agosto de 1898 escribió Silvela, heredero de Cánovas en la jefatura del partido conservador, que España no tenía pulso? Pues porque los madrileños, al enterarse de la noticia de la pérdida de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam, se fueron tan panchos, como cualquier otro domingo, a los toros, las verbenas y las horchaterías.

¿Ha cambiado algo? Bueno, sí… Fútbol, botellones, telebasura y éxodo de Semana Santa. Quieren prohibir los toros, la horchata se pasteuriza, las verbenas son parques temáticos y ya no hay santidad, sino corrupción.

¿A do fuir?

Publicado en: ...el @ 04:27 Comentarios (4)

EL LOBO FEROZ: Mar de todos

Sentirme a gusto en Valencia. Fallas, paellas y toros. Llovía, pero nada puede el cielo donde sobra corazón. El primer día vi a Morante salir de la plaza con asombrosa dignidad e impavidez en medio de una bronca de gran aparato eléctrico. Iba despacito, indiferente al triunfo y al fracaso, esos dos impostores (dijo Kipling). El viernes, después de que Ponce animara el cotarro, el presidente del festejo sufrió un ataque de amnesia, olvidó lo que unos minutos antes había hecho Castella y negó a éste el trofeo que el público exigía. El griterío de la afición fue mascletá sin pólvora. Dos tardes después, en la del domingo, se hizo justicia a un torero que pronto será leyenda. El día de san José salí del coso y me fui entre petardos hacia el hotel. Por el camino, farruco yo frente al clima, me bebí una horchata. Sabía a novia. Los ninots, ya en capilla, aguardaban el momento de la ejecución. Yo lo había sido, ninot, en el 94, pero no asistí a la quema de mi efigie por culpa de un “bollicao de buena factura” (así la llamó en El Mundo el bestia de Xavier Domingo) que se me llevó con la muleta de su minifalda al río. Tomé dos martinis en el bar del Astoria, me calcé una chupa, por el relente, y me fui hacia el Ayuntamiento. Estaba a rebosar. Saludé a un compañero de cárcel: Enrique Múgica. Estreché la mano de Camps. Besé a Rita y a Carmen Alborch (para que no digan). Admiré de reojo el palmito de las falleras. Charlé con Reyes Monforte, que no llevaba burka, pero sí amor: el de Pepe Sancho. Hablé de toros con Ponce, Amorós, José María Cano, Santonja y Boadella. A la una en punto, ya todos en el balcón, estalló la calle, la plaza y el orbe. Yo nunca había visto la cremá. ¡Tonto de mí! Me quedé traspuesto. Pensé que los marines, sorprendidos por el alboroto, estaban a punto de desembarcar y que los trallazos de las tracas iban a reventarme los bypasses de las arterias. La noche se hizo lenguas de fuego y de emoción: un pentecostés. Era todo, lo dijo Góngora refiriéndose a una hoguera, “mariposa en cenizas desatada”. ¿Sic transit? Cierto: ninots en llamas, filosofía de lo efímero. No somos nadie. Ya, pero de pronto deflagró la música. Un pasodoble (imaginen cuál) y dos himnos (imaginen cuáles). ¿Gloria mundi? No sólo. Nuevas glorias a España. Felicité a la alcaldesa y pensé en Quevedo: “serán ceniza, pero tendrá sentido”. Fallas, paellas y toros: cultura, señores. La del Mediterráneo. Mare nostrum, mar de ellos, mar de todos. ¡Visca Valencia!

Publicado en: ...el @ 04:24 Comentarios (2)

EL LOBO FEROZ: La siniestra

El cinismo de la izquierda no tiene límite. Véase, por ejemplo, lo que la tribu de la ceja y de la jeta dice a propósito de Cuba. Cabría excusar a esos cuates si no hubiesen estado nunca en la isla aplastada por los malhechores castristas, pero no es el caso. Van a menudo. Yo lo he hecho en dos ocasiones y no habrá una tercera hasta que los disidentes y los de Miami tomen La Habana. Entonces, sí. Entonces volveré a la isla con el mismo buen humor con el que Hemingway llegó al bar del hotel Ritz de París en el 45 y compartiré con los unos y los otros daiquiris, mojitos y, sobre todo, cubalibres en los mostradores de madera tropical de una de las ciudades más hermosas de la tierra. Pero dejemos, por ahora, eso, que está al caer, y echemos un vistazo a Italia. Allí llaman sinistra (en español siniestra) a la izquierda y no cabe mayor exactitud semántica. Los enemigos de Berlusconi, desesperados por la imposibilidad de derrotarlo limpiamente en las urnas, se aferran con asombrosa inverecundia al chusco episodio del recadero del Pueblo de la Libertad que se despistó mordisqueando un panino y llegó tarde a la ventanilla donde tenía que inscribir las listas de su partido para la inminente convocatoria electoral del Lazio. Un gag de película de Totó al que los vitelloni de la siniestra convierten en burrocrática disculpa para ser ellos solos los que se enfrenten, sin adversario alguno, al desafío de la voz del pueblo. Parece mentira, de puro tonto, pero es verdad. Patalean esos carotas, se encunan en la letra menuda de la ley al precio de transgredir su espíritu, hacen de su deshonestidad virtud y acusan a Berlusconi de dar un golpe de estado contra la democracia cuando son ellos quienes quieren convertir ésta en pantomima de partido único. Si Unamuno levantase su cabeza de búho sabio les diría que no quieren convencer, sino vencer, chupar de la teta del Antiguo Régimen despilfarrador al que Berlusconi está metiendo en cintura y volver a las andadas por ellos en un país que la sinistra quiso y quiere destrozar. Sólo en una cosa tiene razón esa partida de hipócritas: con los fuleros no se juega. Lo ha dicho la Bonino. ¿Pensaba en los suyos? Precisamente por eso, si yo fuera italiano, votaría al Cavaliere, suponiendo que los talibanes de la izquierda y de la magistratura le permitan concurrir a los comicios. Italia me da envidia. Allí tienen al único líder europeo que no es clónico ni lúgubre y que, en vez de pastelear, gobierna. Aquí… Mejor me callo.

Publicado en: ...el 16 Abril 2010 @ 04:34 Comentarios (12)

DRAGOLANDIA: Microrrelato

Chiloé puede esperar dos o tres días. Confiemos en que no la devaste, como le ha sucedido a Haití, ningún terremoto. Volcanes no faltan por allí, y donde hay volcanes suele haber terremotos. Que el dios Vulcano no los desate.

Esto es sólo un addendum a lo que escribí el otro día…

Hace cosa de tres meses llegó a mis manos, dejado en ellas por las de su autora, a la que ni había visto antes ni he vuelto a ver después, un libro de poemas. Se titula Avenidas del tiempo y ha sido editado por Vitruvio. Izara Batres es el nombre, no sé si real o de guerra, de la persona que lo escribió.

Lo abro ahora -no lo hice entonces- y me topo, en su primera página, con una dedicatoria. Dice así: “Un hombre entra en una cafetería y ve un reloj de pared cuyas agujas se mueven en un sentido contrario al habitual. Alarmado, le dice a la camarera: Disculpe. Ese reloj va al revés. La camarera responde: Se equivoca. Es el mundo el que va al revés”.

Y más abajo: “Para Fernando Sánchez Dragó, que también viaja hacia ese lugar where the weather suits my clothes, esperando que algún día podamos charlar sobre algún que otro sueño.

¿Avenidas del tiempo? Circulo por ellas, a impulsos de ese mensaje, y me voy a Formentera, mes de diciembre del 58, viaje de novios, recién casado yo y la mujer que me acompaña…

A la isla no ha llegado aún la electricidad ni, por supuesto, la plaga del turismo. Estamos solos, como quien dice, en una pensión -La Sabina- cuyas ventanas dan directamente a la arena de la playita de un lago de agua salada. Nos ha llevado hasta allí una chalupa provista de un motor que rateaba y carraspeaba: la del Manolito.

Es, casi, una noche de bodas, pero ya se adivina que el matrimonio no saldrá bien. Una sensación de angustia indefinible agarrota el alma de los recién casados.

Hasta la habitación llega una y otra vez, venida de Dios sabe dónde, la voz de Lucho Gatica… Es una canción de moda: Reloj, no marques las horas.

El recién casado se pregunta hoy (no lo hizo entonces): si no había luz eléctrica en la isla, ¿de dónde diablos salía la música?

Tampoco había entonces, que él recuerde, magnetófonos.

Enigmas.

El mundo, efectivamente, va al revés.

El matrimonio se rompió.

Quedó un hijo.

En mi próxima entrega procuraré llegar a Chiloé.

Publicado en: ...el 13 Abril 2010 @ 02:48 Comentarios (32)

EL LOBO FEROZ: Tinto con sifón

Pasado mañana asistiremos al estreno mundial de un esperpento que dejará chiquito a los de Valle-Inclán. Los periodistas hacen cábalas sobre el pasaje de la Biblia que leerá fray Zapatero en su intervención. Puede que ni él mismo lo sepa aún. No sería de extrañar. Los obispos y Juan Manuel de Prada podrían aconsejarle con mucha más autoridad que los asesores monclovitas, pero ni el uno ni los otros son santos de su tardía devoción. Yo voy a ayudarle. “Más alegría habrá en el Cielo, dice Lucas (15, 3-7), por un solo pecador arrepentido que por noventa justos llegados a él”. ¿No debería ser ése el versículo escogido por el misacantano para orar junto al hombre que tanto se le parece? Los dos venden aire envuelto en la tela de la ropa del rey que va desnudo. Pero dejemos tan odiosas comparaciones y volvamos a lo del auto sacramental que se escenificará el jueves. ¿Será en él lo más descacharrante presenciar cómo se arrodilla ante el dios de los cristianos el hombre que ha convertido en ley la barra libre del aborto, cómo finge devoción ante el altar con los ojos bajos y la circunceja arriada el ateo que no lo es, porque se cree el Mesías y pide fe en nuestra economía, y cómo se aporrea el pecho con el mismo puño que levanta para berrear la Internacional en Rodiezmo el tribuno de la plebe que quitaría, si pudiera, el crucifijo de todas partes y lo sustituiría por la media luna de la Alianza de Civilizaciones? No, no… Mucho más gracioso va a ser el gag de la lengua en la que rece. Seguro que maldice la hora en la que el Papa favorito de los suyos renunció al latín, porque pronunciar ese idioma resulta fácil incluso para los del Informe Pisa, pero la lengua de Shakespeare… ¡Ay, amigo! Eso es otra cosa. Ya no queda tiempo para que Bush le imparta en su rancho unas lecciones elementales de inglés con acento tejano. Sólo tiene una salida: la de calzarse un pinganillo y repetir, kirieleisón por kirieleisón y amén por amén, lo que el embajador de España le vaya dictando desde su oficina. Bien, lo que se dice bien, no le saldrá, pero algo es algo. Cuando yo me casé por la iglesia en la cárcel de Carabanchel un funcionario de prisiones más bien guasón zanjó el estupor que esa conducta, impropia de un comunista como yo entonces lo era, generaba con un comentario sardónico. “Vino tinto con sifón”, dijo. Y acertaba. Pues lo mismo le digo yo ahora, Presidente. Un mal trago, además, entra mejor cuando se toma con seltz. Lo dijo el Pichi.

Publicado en: ...el @ 02:43 Comentarios (3)

DRAGOLANDIA: Rumbo (sin prisa) a Chiloé en compañía de Salinger

Rumbo, digo, porque aún no he llegado ni pienso llegar en esta jornada. Lo tengo escrito: la vela propone y el viento dispone. ¿Y qué es la actualidad, ese diablillo, sino un venticello de ópera de Rossini que, como la calumnia, hoy sopla con fuerza y mañana se desvanece?

Por eso no me gusta leer la prensa del día, sino la atrasada. Y cuanto más, mejor. Ese truco permite separar el trigo de la paja. La historia es el poso de lo que queda cuando el tiempo desdibuja los titulares.

Y ni eso, porque, como decía Borges, las grandes noticias del devenir del mundo nunca vienen en el periódico.

Antes no de Cristo, sino del Anticristo, que es Bill Gates, allá por los años en los que yo daba tumbos de a pie por Asia y África, la prensa española me llegaba, cuando lo hacía, con un par de meses de retraso. Leerla así era una delicia: la del sic transit. Del fuego de la información sólo quedaba el rescoldo, y a menudo, ni eso. Ese placer, en mi caso, se ha desvanecido. Por culpa de los ordenadores, de los buscadores, de internet y de todas esas vainas, El Mundo impreso y El Mundo digital se cuelan en mi vida, esté yo donde esté, en Bangkok, en Castilfrío, en Tombuctú o, mismamente, en Chiloé, a la hora en la que don Quijote salió de la venta.

Podría evitarlo, pero no soy Bartleby ni Vila Matas. Me parezco más a Oscar Wilde: soy incapaz de resistir la tentación. ¡Si por lo menos fuese tan buen escritor como lo fue él!

Total: que esta mañana, y la de ayer, y la de anteayer, he vuelto a morder el anzuelo de Yahoo! y he permitido que la actualidad me agüe la fiesta de lo anacrónico.

¡Qué prisa tiene ahora todo el mundo! Yo, cuando voy a coger un tren, pido en la taquilla que me den billetes para el más lento, pero ya no los hay. Soy un cavernícola. No sólo detesto internet y la prensa del día. También detesto los trenes de alta velocidad, los aviones (a no ser que vaya en business, en cuyo caso el trayecto se me hace aún más corto. Me quedaría allí media vida) y las autopistas. Ya lo decía aquella copla de la Piquer: “¿Y qué hago tan temprano en Nueva York?”.

A lo que iba… ¿Iba a Chiloé? Pues no. Iba a decir algo sobre Salinger. La actualidad me lo impone, soy escritor, dirijo Las noches blancas, me siento obligado a ello…

¡Hale! Todo quisque se ha puesto a hablar de ese hombre. Muérete, y verás. Yo sólo quiero añadir que Salinger escribió una obra maestra: “El guardián en el centeno”. Es, a mi juicio, de lo mejorcito que la literatura norteamericana nos ha dado, superada, eso sí, por el “Huckleberry Finn” de Mark Twain, en la que se inspiró. Los “Nueve relatos” también son buenos. El resto de su obra es basura.

En cuanto a su retiro, su ferocidad, su misterio, su silencio, su aureola… No sé, no sé. ¿Era Salinger un sabio zen o, simplemente, un psicópata de manual? Lo siento, pero me inclino por la segunda hipótesis. Y, si me equivoco, ya le pediré perdón cuando llegue al lugar en el que ahora se encuentra. Me falta poco. Confío en que no sea el infierno.

Escribir bien no sirve de nada si el escritor no es o no llega a ser una buena persona. Y vivir, para el común de los mortales, lo mismo. Ése es el principal objetivo de la vida. Acaso el único, porque la felicidad, a la que tantos aspiran, consiste en tener la conciencia tranquila y es, por ello, incompatible con la maldad.

-¿Y Chiloé, Dragó?

-No corra tanto, señor mío. Ya llegaremos…

Sin Salinger, al que dejo en tierra, pero con Mark Twain, que era una buena persona.

Publicado en: ...el @ 02:41 Comentarios (3)

DRAGOLANDIA: Mi santa voluntad (y la de los gatos)

Lo de mi paso por Chiloé va camino de convertirse en la cena jocosa de Baltasar del Alcázar… Anuncié que hoy me ocuparía de eso, pero no me apetece. Quédese, como la historia del portugués, para mañana.

Y si no saben de lo que hablo, allá ustedes. Vayan a Salamanca.

Chicho Sánchez Ferlosio, que militó a mi lado en la vieja guardia de la amistad, tiene una canción cuyo estribillo decía: “Hoy no me levanto yo”… ¿Por qué? Pues porque no le apetecía, como a mí, hoy, lo de Chiloé, y porque ésa era su real gana.

Yo sí que me he levantado, pero… Si Dragolandia es mi imperio, ¿por qué no voy a aplicar en su ámbito las razones o sinrazones de mi santa voluntad?

Bajo a desayunar, veo un ratito la tele, se me atragantan las tonterías que Llamazares y una psocialista cuyo nombre no recuerdo dicen en ella a propósito del debate, aún nonato, de la cadena perpetua y regreso a mis labores.

Estoy en Castilfrío. Sol y hielo. La estepa es un rompimiento de gloria.

Busquen, busquen en el diccionario o en los manuales de historia del arte lo que significa eso.

Sostenía Llamazares que el índice de delincuencia es, en España, uno de los menores de Europa y que las penas de nuestro código penal doblan en firmeza y en dureza a las de los demás países europeos. La verdad es justamente la contraria. Lo sabemos todos y lo ratifican las cifras oficiales. Madrid es una de las ciudades más violentas del mundo. Que se lo pregunten a los japoneses.

Yo, aquí, estoy en el paraíso. El paraíso es el ronroneo de un gato. Tengo, ahora, tres (Teseo, Sensei y Susto), y los tres andan por el desván en el que escribo. También anda por aquí la memoria de Soseki.

Daniel Utrilla, corresponsal de El Mundo en Moscú y compañero de blog y del alma, me envía la foto a la que hoy recurro para ilustrar estas líneas. No la preparó. Dejó mi libro sobre un mueble de su casa moscovita y su gato Puzo llegó a la conclusión de que la portada del volumen en cuestión era un lugar que ni pintiparado para descabezar un sueñecito.

No es el único. Me cuenta una lectora (Paloma), que su minino (Misli), al que por desgracia no fotografió, hizo exactamente lo mismo.

Esas causualidades (neologismo de mi invención) demuestran que Soseki está vivo y que, como creían los egipcios, cuando mil gatos tengan el mismo sueño todos los de su especie volverán a ser humanos.

Claro que, en opinión de Mark Twain, que hago mía, si los gatos se transformaran en hombres, la condición humana mejoraría, pero la gatuna se estropearía.

No sabía cuando escribí mi libro que, según los celtas, los ojos de los gatos son vías de acceso al mundo de las hadas. ¡Fantástico!

Publicado en: ...el @ 02:33 Comentarios (1)

DRAGOLANDIA: Chiloé

Vuelvo, después de la digresión aznarita de la última entrega, a la crónica de mi viaje. Ya no ando, desde hace mucho, en él, pero no importa. Volver a Vandalia y a su incesante baile de lacayos y de horteras siempre es duro. Lo mejor es olvidarla, desentenderse de ella y fingir que no existe. Espacio y tiempo son invenciones de la filosofía griega.

Retrotráigase el lector conmigo al día de nochebuena… Arcadi Espada, que se ciñe a las curvas de la actualidad tanto como se pega a las de las pistas de Fórmula Uno Fernando Alonso, me lo reprochará -lo hizo el otro día, amistosamente, entre los bastidores del debate de Buruaga-, pero qué le vamos a hacer. Nos une, como decía Proust, la consanguinidad de espíritu, pero no la identidad de pensamiento.

Y la del paladar, tampoco. A él le gusta lo que sirve Ferrán Adriá. A mí, hoy, me ha alegrado la mañana enterarme de que El Bulli, aunque sólo sea por dos años, cierra sus puertas y envía a la clandestinidad a sus fogones. Todo sea por la patria, española o catalana que ésta sea.

¿Es ése restaurante, en contra de lo que los finolis de la gastronomía latiniparla dicen, el peor restaurante del mundo?

Lo sospecho, pero no lo aseguro, porque nunca he comido en él. Si lo hiciera, debido a mis opiniones, me servirían polvos, espumas o aromas de cicuta aliñadas con arsénico y disfrazadas, eso sí, de tonterías léxicas con polisón de camelo cursi. Lean, lean la carta del restaurante Mugaritz. ¿Se escribe su nombre así? Siempre me equivoco, y sus responsables, al parecer, me lo reprochan.

Tres citas madrileñas hay en el año que transforman en esperpento, astracanada y sainete el escenario de la Villa y Corte: la feria de Arco, la pasarela Cibeles y… ¿Madrid Fusión? No. Madrid Irrisión.

Nuestro común amigo, de Arcadi y mío, Albert Boadella da en el clavo cuando dice que la buena comida siempre es sensual. La que llaman creativa, en cambio, es tan frígida como el nitrógeno de sus probetas.

¿Iba a hablar de Chiloé? Bueno, bueno… Tenía la radio encendida, oí lo de El Bulli y la actualidad, por segunda vez en la Dragolandia de 2010, me puso la zancadilla, pero todo se andará, y se navegará, porque Chiloé es una isla. ¡Viento en las velas, señores, y loor a la tortilla de patatas no deconstruida!

Publicado en: ...el 07 Abril 2010 @ 03:30 Comentarios (47)

EL LOBO FEROZ: Olivenza

Fue castellana, fue portuguesa, se volvió española y es taurina. Los toros son una patria en la que dos países confluyen.

Me cuentan los amigos, y tengo muchos en esa patria, que por sus calles se hablan los tres idiomas (el tercero sería el de la tauromaquia), que en su coso se cose ésta con primores de pasamanería, seda, percal y encaje de bolillos, banderillas y estoques, que quien no ha ido a su Feria -la primera del año que Dios envía, con permiso de Valdemorillo- no es un buen aficionado y que los lugareños tienen dos almas, pero las dos son ibéricas.

Confieso que no soy un buen aficionado, pésame, Señor, porque nunca he ido a Olivenza. ¿Será pecado, me iré al infierno, me prohibirán entrar en las plazas, me negarán el saludo los amigos, hablarán mal de mí Barbeito en los cafés de Sevilla, Zabalita en la redacción de El Mundo y la Camacho en donde pacen sus toros, me acosará el fantasma de Hemingway, me insultarán los mozos en la calle de la Estafeta?

Si Alberti nunca fue a Granada y los lectores de Federico se lo han perdonado, ¿cómo no van a perdonarme a mí los cofrades, nazarenos, costaleros y santas imágenes de la no menos santa Afición tantísimas temporadas de imperdonable ausencia?

Pecado venial, señor cura. Lo es cuando hay confesión, dolor de corazón, arrepentimiento y propósito de la enmienda. De este año no pasa, y será dulce penitencia la ir el 5 de marzo, y el 6, y el 7, con un vara de mimbre, a la plaza de toros de Olivenza para ver a Ponce, a Tomás, a El Juli, a Perera y a tantos otros que tal bailan y tan bien torean. ¡Quieran los dioses de Tartessos, Gárgoris, Habidis e Iberia en general (sin excluir a Cataluña) y los bisontes de Altamira que todos corten orejas!

Lo sé. He sido absuelto. El público me ha indultado. Daré la vuelta a la plaza de Olivenza el primer viernes de marzo, que es día de comunión, y durante tres tardes estaré en la gloria y, si la Empresa me lo permite, en el callejón.

¿Abuso de los símiles religiosos? Pero si lo tengo dicho y, además, ¡por escrito, por escrito!, como pedía D’Ors. La Tauromaquia es un sacramento.

Eso sí: no encuentro hotel. La Feria tiene tirón. ¿Anda por ahí alguien dispuesto (o, mejor aún, dispuesta) a darme una cama? Voy con mi mujer, pero no tengo nada contra los tríos. En las corridas suele haber una terna.

Si puede ser, que sea, y si no, como buen maletilla que soy, dormiré en la calle. ¿Será ésa mi penitencia?

Publicado en: ...el @ 03:19 Comentarios (1)

EL COBAYA: Elixir (1)

Ya va siendo hora de que hable en esta columna de mi celebérrimo elixir de la eterna juventud. Y si digo celebérrimo no es por megalomanía, sino porque llevo muchos años escribiendo acerca de él por aquí y por allá o mencionándolo e ilustrándolo, en parte, a troche y moche, al hilo de las entrevistas que me han ido haciendo en diferentes medios de comunicación impresa o audiovisual.

He sido siempre, desde la infancia, persona más bien aprensiva, preocupada por la salud no sólo propia, sino también ajena, y dada a la lectura, la introspección, la investigación, la experimentación y, en consecuencia, y por incorrecto que resulte decirlo, a la automedicación. Esta última me parece lógica, siempre que se lleve a cabo sólo en primera instancia, dentro de ciertos límites y ateniéndose a determinadas dolencias y a los dictados del sentido común.

Lo primero que hago (y ya lo hacía de niño) en cuanto detecto algún problema de salud es irme a la biblioteca más cercana, buscar en su catálogo la bibliografía pertinente y enfrascarme en su lectura. Ahora, para dar rienda suelta a tan irrefrenable impulso, ya no es necesario que salga a la calle. Me basta con abrir el ordenador y adentrarme en los laberintos de la Red hasta dar con lo que busco.

No sólo eso. Además, y a lo largo de mis viajes por lejanas tierras, husmeo en los entresijos de su medicina tradicional, pruebo los remedios, siempre naturales, que en ella se utilizan, porque cobaya soy, y así enriquezco poco a poco el elixir al que esta columna se refiere y en el que figuran muchos más productos de los que caben en ella. ¡Con decir que ingiero alrededor de setenta pastillas al día!

No se asusten. Ya he dicho que son, mayormente, de herbolario, aunque no todas se consigan en España.

Continuará.


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DRAGOLANDIA: Aznar, chileno

Viernes, diez y cuarto de la mañana. Interrumpo, momentáneamente, el relato de mis andanzas por Chile, Argentina y Uruguay. Lo reanudaré en la próxima entrega de este blog. Recordarán mis lectores, si los tengo, que mi última crónica de Indias evocaba lo sucedido en la ciudad de Port Montt veinticuatro horas antes de que llegase allí la nochebuena.

Pues bien: hoy ha sido, inesperadamente, una mañana también buena. Excelente, incluso, porque me ha cogido por sorpresa.

Ya había desayunado y llevaba más de una hora frente al ordenador cuando me acerqué a la cocina para consultar a mi mujer sobre un asunto sin importancia. La tele estaba encendida y en ella, entrevistado por Ana Pastor y sometido al fuego de las preguntas formuladas por la presentadora y otros tres invitados, aparecía el rostro de José María Aznar.

¡Caramba! ¡Cuánto tiempo sin verlo!

Me quedé un ratito, de pie, allí, me fue interesando cada vez más lo que oía y, al cabo de un par de minutos, me senté frente a la pantalla y ya no recuperé la vertical hasta el término de la entrevista.

Aznar estaba relajado, sonriente, amistoso, certero en las respuestas, en el análisis, en los diagnósticos, en los pronósticos, y dueño de la autoridad que otorga a quien lo ejerce el infalible sentido común.

Infalible, sí… De la boca del mejor presidente del gobierno que España ha tenido en los últimos treinta y tres años -los de la democracia- no salió ni una sola palabra con la que yo no estuviese de acuerdo. Si acaso las relativas a la designación de Rajoy como heredero de la corona de lo que Jiménez Losantos llama ahora, con razón, pepoe, pero resultaba comprensible su prudencia.

Pasmoso. Nunca me había sucedido nada así, ni siquiera en lo concerniente a la persona de la que hablo. Suelo discrepar de casi todo lo que casi todos los políticos, de izquierdas o de derechas, dicen, lo que no es extraño, porque casi todos los políticos, de derechas o de izquierdas, son ahora socialdemócratas, y yo detesto esa ideología a la que, sin embargo, aplaudí durante unos meses a mediados de los sesenta. ¡Dios mío!

Pero dejemos eso…

Aznar, como digo, me ha alegrado la mañana. ¡Qué diferencia con Zapatero! Abismal, señores, oceánica, y no sólo en lo que atañe al contenido y al tuétano de sus ideas, sino también a la forma de expresarlas, lo que siempre es de agradecer en tiempos como los que corren, con el castellano batiéndose en abyecta retirada.

Ha asegurado Aznar que ni se le pasa por la cabeza la posibilidad de regresar algún día a las trincheras de la política, y yo le creo, y lo entiendo, y no deseo, porque le aprecio, que lo haga, pero también, como español y expañol aún con derecho a voto, lo lamento. Vivir es ver volver, dijo Azorín, y dijeron muchos, pero no es probable que en lo relativo a Aznar ese dictum se revele cierto.

Llegué a Santiago de Chile el 14 de diciembre, pocas horas después del escrutinio de las urnas de la primera ronda de las elecciones generales convocadas allí, y me asombró la falta de griterío, los buenos modales, el juego limpio, el respeto al adversario y la madurez democrática que se palpaba. Ni un mal gesto, ni un insulto, ni una pintada procaz.

Seguí en esa nación o en sus alrededores durante toda la campaña que precedió a la segunda vuelta, y volví a asombrarme. Lo hemos visto todos. Hemos visto a Piñera, el vencedor, a Frei, el derrotado, y a la Bachelet, todavía, entonces y ahora, hasta el paso de poderes, primus inter pares, estrechándose las manos, fotografiándose juntos y felicitándose recíprocamente, y no es para menos.

Lo mismito que en España.

He apagado la televisión, me he venido a la mesa y estoy tecleando a toda prisa lo que ustedes acaban de leer o, mejor dicho, aún están leyendo.

Dos últimas consideraciones…

Primera: impecable me ha parecido la entrevista de Ana Pastor. Le envío, desde aquí, un aplauso. Y, de paso, también a la Una y a la Dos. ¿Hace falta explicar por qué? Donde no hay publicidad, decía La Codorniz, resplandece la verdad, y por añadidura, puntualizo yo, se acaba el infinito tedio de los anuncios. Ahora los llaman consejos. ¡No te fastidia!

Segunda: ¿es Aznar, todavía, español? ¿No será, como yo, expañol? Lo pregunto porque a mí, en esta ocasión, me ha parecido chileno.

Enhorabuena, presidente.

Publicado en: ...el @ 03:08 Comentarios (9)

EL LOBO FEROZ: Wanted

¿Es la cara el espejo del alma? Llamazares, tómeselo a broma. Lo que acaba de sucederle es una fotonovela. Ya no las hay, porque la tecnología se las ha cargado (como a los suyos, los del puño en alto, se los merendó, pian pianito, el descrédito de los despotismos supuestamente ilustrados de la razón roja), pero si la ideología de la agrupación a la que usted pertenece es de índole decimonónica, nada mejor para retratar su rostro que un género nacido antes de que San Petersburgo se convirtiera en Leningrado. ¡Vaya, hombre! ¡Ya se me ha ido la lengua por hacer una gracia! Lo mismo se me enfada el aludido como se me enfadaron los torquemadillas de la corrección política cuando escribí con humor, y sólo por humor, lo de “gorrones sin fronteras” (¡pelillos a la mar, amigos! Os juro que, como colleja, ya está bien. Me doy por satisfecho. Volved cuanto antes, ilesos, a casita e incluso a las andadas, si no habéis escarmentado)… Insisto, Llamazares, tómese a broma no sólo lo del cartel de busca y captura de sus dos sosias colgado por el sheriff del Imperio en todas las picotas del planeta, sino también el cachondeo que me gasto. Va en mi naturaleza de escritor de igual modo que en la suya de político va la obligación de llamarse, ofendido, a escarnio para salir en los papeles sin pasar por caja. Los de su gremio creen que cualquier foto es útil para el voto. Rajoy sirviendo sopa boba de sobre de tienda china en un comedor de beneficencia y sacando pecho demagógico en el escaparate de las oficinas del paro o Zapatero postrándose de hinojos junto al descendiente del Tío Tom y cantando góspel para que el dios en el que no cree le conceda la gracia de quedarse como está. Eso, lo de sacar votos a fuerza de ir de pendón en las procesiones, es una niñería, pero allá ustedes, que, al fin y al cabo, y por lo general, como niños son. Decía, Llamazares, que si yo estuviera en sus zapatos, cosa imposible para alguien cuya ideología es la de la Pepa en Cádiz y no la de Lenin en el Hermitage, me tomaría el asunto a broma, enviaría una postal agradeciendo la propaganda al sheriff del Imperio y expresaría también mi reconocimiento al dios en el que no cree por la feliz coincidencia de que las teorías faciales de Lombroso -médico, como usted, y criminólogo celebérrimo en la centuria que la izquierda representa- hayan caído en un descrédito comparable al de la sinrazón roja. Mis respetos, don Gaspar. Que no le lleven a Guantánamo.

Publicado en: ...el @ 02:58 Comentarios desactivados

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