¿Ventresca o cicuta?

pesca de atún mercurio

Arranca la temporada del atún y sube el mercurio como si tuviéramos fiebre. Es uno de los diez metales más nocivos para la salud. Sus sobras se almacenan en basureros casi tan blindados como los del material radioactivo. En Almadén va a inaugurarse el mayor de Europa. Si allí se produjera un terremoto, la zona se convertiría en Fukushima. ¿Exagero? Sí, claro, y mucho, pero más vale cargar la suerte. El subidón del mercurio es un tsunami. Los índices de contaminación de los océanos, en general, y del Mediterráneo en particular, son de película de monstruos: el atún, el tiburón (aletas incluidas), el emperador, la caballa, la ballena… Los japoneses la comen. Allá ellos. En los peces de gran tamaño se acumula el metilmercurio muy por encima de lo que la OMS y el sentido común permiten. ¿Debería prohibirse la pesca y el consumo de esas especies? ¿Deberían venderse esos pescados con etiquetas de aviso sobre los efectos para la salud? ¿Deberían marcarse con calaveras esos platos en las cartas de los restaurantes? No soy quién para responder a tan enojosas preguntas. Doctores tienen las instituciones sanitarias y los organismos de defensa del consumidor. De sobra sé que las bravas gentes de las flotas pesqueras pondrían el grito en el cielo y que los armadores moverían sus poderosos sedales en los centros de decisión política. Desde las almadrabas de Barbate, a las que ya nunca irían las sanguijuelas del Duque, hasta el Tsukiji de Tokio, pasando por las lonjas de todos los puertos, miles de trabajadores indignados levantarían sus arpones en gesto de insurrección. Cundirían los piratas y los furtivos. Crecería el contrabando. Mi paladar, que tanto aprecia el sushi de toro, la ijada de atún y el tataki de lo mismo, se sentiría huérfano. El calvo del anuncio de bonito haría cola en el INEM. Los conserveros del Norte… En fin: un desastre para la economía y la gastronomía, lo reconozco, pero no sólo de atunes, escualos y cachalotes vive el hombre. España es, junto a Japón, el país donde más pescado se consume. El metilmercurio se ensaña con el cerebro de los nascituros. Las ballenas y los túnidos están en peligro de extinción. En Taiji -¿recuerdan The Cove?– machacaban a los delfines. Ya no lo hacen. ¿Qué importa más? ¿La salud de los seres humanos y las razones de Noé o los intereses de la economía y los caprichos del buen yantar? Yo no me pronuncio. Piénsenlo y decidan. Sólo eso.

Publicado en “El Lobo Feroz”, El Mundo, 3 junio 2013


Publicado en: ...el 05 Junio 2013 @ 01:30 Comentarios (2)

2 comentarios

  1. A 05 Junio 2013 @ 04:17 Dragón humeante dijo:

    Bueno, siempre nos quedarán los dragones. Ellos seguro que no portan mercurio ni ningún otro metal pesado en sus entrañas. Son animales divinos, como los gatos, y además son Japoneses.

    Hablando en serio, se me han quitado las ganas de comer pescado, esperemos que alguien haga algo. Respecto a su párrafo final. ¿He de elegir? ¿puedo? cualquiera con sentido común escogería lo primero.

    Saludos.

  2. A 05 Junio 2013 @ 11:33 Er Manue dijo:

    Que mal rollo, Drago!
    Aqui en Oran tenemos muy buen atun.


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