Aceituneros altivos

Parece ser que los chinos van a bajarles los humos. De momento, como la hierba en el tango, ya les siegan los árboles bajo los pies. En el Infernal (antes Celeste) Imperio habrá dentro de unos años más olivos que en todo Jaén. De esa región sale el veinte por ciento de la producción mundial. Los chinos nos han engañado como si fuésemos chinos. Éstos llevan la fama mientras nosotros cardamos la lana, y ese hilar de copo de vieja no es de ahora, pues casi todo el aceite ibérico de exportación llega al mercado con etiqueta italiana. Pero dejemos eso, porque los italianos, a fin de cuentas (las que no salen), son nuestros primos, aunque para primos, nosotros, y volvamos a los embalsamadores y súbditos de la momia del Gran Timonel. Los andaluces altivos de Miguel Hernández y de Serrat pasearon a esos huéspedes altaneros y astutos por sus olivares y los enseñaron a varear la aceituna, a recogerla, a molerla, a catarla y a apreciarla. Hay cortesías que se vuelven contra el anfitrión. ¿Viento del pueblo? ¡Ja! Ya decía Lenin que los capitalistas, de puro idiotas, venderían a los comunistas –en China lo son… ¿Se nos ha olvidado?– la soga con la que los ahorcarán. Este asunto me duele. Fui pregonero del aceite de oliva en Osuna, hay un olivo plantado por mí, junto a otro de Vargas Llosa, en el jardincillo de la Colegiata de esa ciudad y olivo es el único árbol existente en el corral de mi casa de Castilfrío. La inclemencia del clima no puede con él. Es tan duro como lo fue Numancia. A sus pies está enterrado Soseki. Cuando viajo, llevo siempre en la maleta botellines de 1881. El olivo es el árbol de la paz, el árbol que anunció el fin del Diluvio, el árbol de Grecia y Roma, el árbol del paganismo, de las Tres Culturas y del Mare Nostrum, que pronto será de los chinos… Todo un símbolo –más que un símbolo– expropiado ahora por los antiguos coolies que no caracolean al otro lado del Rhin, sino del Yantsekiang. Quisieron producir jamón de bellota. El tiro les salió por la culata. Quisieron criar toros de lidia. No sé en qué habrá quedado eso. ¿Se llevarán la Maestranza? A los atunes de Barbate ya se los llevan otras gentes de tez amarilla y ojos rasgados. Es la globalización. Yo prefiero la autarquía. Nos quedan dos padrenuestros de Mao. Decidme en el alma: ¿de quién son nuestros olivos? Perdón. Salgo un momento. Voy a comprar una botella de aceite en el chino de la esquina. Será falso, pero ya no importa.

Publicado en “El Lobo Feroz”, El Mundo, 17 junio 2013


Publicado en: ...el 28 Junio 2013 @ 01:09 Comentarios (3)

3 comentarios

  1. A 28 Junio 2013 @ 22:06 proeresio dijo:

    ¿Qué los chinos van a desbancarnos en el cultivo del olivar? Ya veremos. La historia (esa anciana decrépita y cínica pero algo sabia) está de nuestro lado. El olivo de savia y hojas y tronco retorcido como la fatigosa vida lo puede cultivar cualquiera. Pero aquel que hunde sus raíces en el corazón no se trasplanta así como así.

    Quienes sabemos lo que es trabajar a cuarenta grados de calorín, varear con la helada crepitando bajo nuestros pies y calarnos hasta el tuétano bajo la lluvia en el campo estamos preparados para muchas cosas. Entre ellas para plantar batalla, aunque ésta pueda ser una batalla perdida. Porque los chinos cuando se ponen en serio con algo son muy pesados, tenaces y astutos. Y los campesinos de Jaén podemos ser muy brutos, ignorantes y descuidados.

    Pero bueno, los chinos podrán plantar olivos, cultivarlos, cosecharlos y transmutar su fruto en verde sangre de oliva. Pero los aprendices de alquimistas siempre meten la pata: piensan que la piedra filosofal transforma los metales en oro y buscan tontamente enriquecerse sin darse cuenta de que quienes deben cambiar son ellos, no sus exangües metales. Precisamente en tierras del Sol Naciente hubo tradición de alquimistas, a los cuales respeto. Pero ellos son del todo extraños a la mentalidad china de hoy, ya sabemos todos cómo son la mayoría de los productos chinos: muy baratos y muy malos.

    ¿Se conformará el consumidor medio con la medianía china? Pues a lo mejor sí, con los tiempos que corren la gente mata por lo barato. Pero, ¿qué pasará cuando la avidez y la chapucería china nos endose aceite de motor usado rebajado con aceite de soja vendido como virgen extra? ¿También aguantará con estolidez, perdón, quiero decir estoicismo, caiga lo que caiga? Algunas personas que compraron productos alimentarios en bazares chinos saben que no exagero en mis previsiones.

    Yo, que soy un liberal y capitalista convencido, sé que no sólo de pan vive el hombre. Ni de aceite (aunque sea de oliva, pero con pan y aceite se vive muy bien). Por eso creo que los engranajes de esa posible macroindustria china (o australiana, o yanqui) del olivo tropezarán con la dureza, tosquedad y saber hacer de los olivareros jiennenses. (Y cordobeses, sevillanos, granadinos, españoles en general). Zapatero a tus zapatos y aceitunero a tus verdes campos.

  2. A 01 Julio 2013 @ 20:31 Anónimo dijo:

    http://javier-ruiz-portella10.blogspot.com.es

  3. A 03 Julio 2013 @ 16:05 Er Manue dijo:

    Los chinos son termitas. Hay que meterlos en una granja de hormigas, transportarlos hasta Manchuria y soltarlos alli. Todo el procedimiento de una manera totamente incruenta, faltaria mas.