EL LOBO FEROZ (Zapatetas)

Don José de Lorenzo, don Gonzalo de Murga y don Martín Ferreiro, empleados de la Dirección de Hidrografía, publicaron en 1864, con pie de imprenta del Establecimiento Tipográfico de T. Fortanet, sito en el número 28 de la muy madrileña calle de la Libertad, a la que nunca se ha atrevido a cambiar de nombre el corregidor de turno, un Diccionario Marítimo Español que la Academia de la Lengua debería reeditar. Entresaco de él unas cuantas definiciones…

ZAPATAZO. Sacudida y golpe fuerte que da una vela que flamea o se está cargando con viento frescachón. Dícese también latigazo y es más violento que el gualdrapazo.

ZAPATEAR. Dar zapatazos una vela.

ZAPATEO. Acción de zapatear las velas.

ZAPATERÍA. Con esta voz se designa una mala maniobra.

ZAPATERO. Dícese del que maniobra o ha maniobrado mal, o no entiende la maniobra.

ZAPATO. Dícese del buque muy chico.

Treinta y cuatro años después de la publicación de esa joya lexicográfica se quedó el país sin pulso, llegó el Desastre, España fue a la bancarrota moral y material, y nació la generación del 98.

Sabido es que ahora todo va más deprisa.

Y hoy, por añadidura, ni siquiera contamos con el grito y la denuncia de Unamuno, Maeztu, Azorín, Baroja y Machado. Valle-Inclán era un modernista. Ortega llegó más tarde.

Tampoco existe ya -sería un consuelo- La Codorniz.

¿Viento frescachón? Seguro que los de mi quinta recuerdan aquel parte meteorológico: “Reina en todo España un fresco general procedente de Galicia…”.

Cerquita de León.

Con Franco, por lo menos, nos quedaba el recurso del chiste. Quien bien ríe…

Yo me río. Esta columna es sólo un divertimento. Melancólico, eso sí.

¿Qué otra cosa cabe hacer, aparte de dar España por perdida e irnos sin su música a otra parte? Estamos tocando fondo. Ya lo avisaron Gabriel Celaya y Paco Ibáñez.

¿Por qué el día 16 de agosto de 1898 escribió Silvela, heredero de Cánovas en la jefatura del partido conservador, que España no tenía pulso? Pues porque los madrileños, al enterarse de la noticia de la pérdida de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam, se fueron tan panchos, como cualquier otro domingo, a los toros, las verbenas y las horchaterías.

¿Ha cambiado algo? Bueno, sí… Fútbol, botellones, telebasura y éxodo de Semana Santa. Quieren prohibir los toros, la horchata se pasteuriza, las verbenas son parques temáticos y ya no hay santidad, sino corrupción.

¿A do fuir?

Publicado en: ...el 16 Julio 2010 @ 21:43 Comentarios (189)

DRAGOLANDIA: Aeropuerto (y II)

Hablaba de aeropuertos. Sigo, mientras tecleo estas líneas, en una de las terminales de Barajas, aunque han pasado ya varios días desde el capítulo anterior. No es, por suerte, la 4. Sobreviví a sus sinsabores, a las torturas impuestas por los sicarios de sus escáneres, a sus interminables pasillos y galerías de cristal concebidas para que los usuarios puedan contemplar el vacío sin necesidad de recurrir al zen, a los tascucios y figones dedicados a la venta de basuras químicas envueltas en celofán y aliñadas con colesterol, aspartato, grasas trans y triglicéridos de hamburguesería, a las hileras de tiendas atiborradas de gilipolleces de elevadísimo precio que, pese al mismo, nadie compra..

-¡Alto ahí, Dragó! ¿He oído bien? ¿Ha dicho usted pese al mismo en vez de escribir a causa de, como sugiere la lógica?

-Ha oído perfectamente. El mundo está lleno de necios, según la Biblia, y todo necio, según Machado, confunde valor y precio.

-Y si esas tiendas nunca venden nada, ¿cómo diablos sobreviven?

-Es lo mismo que yo me pregunto. Siempre están vacías. ¿No serán tapaderas de narcotraficantes, empresarios de la construcción, políticos mallorquines, negreros de prostitutas y concejales de urbanismo deseosos de blanquear dinero?

-¡Pero qué mal pensado es usted!

-Peor de lo que se imagina… Voy a ponerle otro ejemplo.

-¿A qué se refiere?

-A la prohibición, estúpida donde las haya, de no poder llevar líquidos ni cosméticos en el equipaje de mano.

-Sólo por encima de cierta cantidad…

-Convendrá conmigo en que, sea cuál sea ésta, se trata de una medida carente de fundamento. No sirve para nada.

-¿Por qué, entonces, la toman?

-A eso iba. La toman para incrementar las ventas de agua mineral, refrescos y productos de belleza en las tiendas de la zona de embarque.

-¿Insinúa, amigo Dragó, que alguien se beneficia de ese incremento?

-No hacerlo sería desconocer la naturaleza humana. Cui prodest? Pero seré, por una vez, bien pensado, en contra de la malicia que usted me atribuye. No creo que el porcentaje recibido por los trincones supere el diez por ciento. Seguro que con eso se conforman.

-¡Un pastón!

-Efectivamente.

-¿Está pensando en el negocio de los duty free?

-No sólo, pero… ¿Negocio, ha dicho? ¡Querrá usted decir estafa!

-Eso suena muy fuerte.

-Y lo es. Ande, entre en una de esas cuevas de Alí Babá, anote los precios de los productos alineados en sus expositores y estanterías, salga luego a la calle, visite unas cuantas perfumerías, supermercados y tiendas de ultramarinos, busque o pida los mismos productos y compare. Se quedará estupefacto, me dará la razón y, si de verdad necesita algo, ahorrará dinero.

-¿Usted lo ha hecho?

-Más de una vez, en distintos países y libreta en ristre. Lo único que se vende más barato en los duty free, excepciones (pocas) aparte, es el alcohol, aunque no siempre, y el tabaco, porque los fumadores saben perfectamente lo que cuesta en los estancos el veneno que consumen.

-Pero en las tiendas libres de impuestos, a diferencia de lo que sucede en las que dentro de los aeropuertos no lo son, sí que hay clientela.

-Ya le dije que el número de los tontos es infinito y, además, tiende a crecer cuando la gente se aburre, como lo hace en los aeropuertos. ¡Cualquier cosa, menos leer, observar o pensar! Incluso gastar en tiempos de supuesta crisis el dinero que no tiene para comprar tontunas que no necesita.

En fin… Que me fui a Murcia y Alicante, di un par de conferencias, intervine en las deliberaciones del jurado del premio de narrativa Azorín, regresé mohíno a una de las ciudades más antipáticas e incómodas del mundo (pongamos que hablo de Madrid), deshice las maletas, las hice de nuevo y ahora estoy en la Terminal 2, tras haber superado la dura prueba de los estúpidos y vejatorios controles aeroportuarios, ajeno a los cantos de sirena del duty free y de los negocios de grandes marcas sin clientes, y a la espera de que un avión de Air France se me lleve a París y otro, desde ese segundo aeropuerto, a un lejanísimo lugar del orbe en el que permaneceré varios meses.

Atrás queda Vandalia. Que la ondulen. Partir no es morir un poco, sino volver a la vida. Lo siento sólo por los gatos. Chau y miau.

Publicado en: ...el @ 21:38 Comentarios (1)

DRAGOLANDIA: Aeropuerto (I)

Buena parte de mi vida transcurre en los aeropuertos. Eso es, simultáneamente, bueno y malo. Bueno, porque me voy, y malo, porque casi todos son infernales. Estoy ahora en uno de ellos: en el peor. Me refiero a la Terminal 4 de Barajas, que es la obra de un loco o, seguramente, de muchos locos, como también lo son, por poner un ejemplo, los Teatros del Canal de Isabel II. Que se lo pregunten a Albert Boadella o a quienes trabajaron y naufragaron conmigo en la intentona televisiva de Dragolandia. Para moverse por ese abominable laberinto, que demuestra hasta qué punto los sueños de la razón producen monstruos, se necesita un kit de supervivencia, una brújula, un navegador, un walkie-talkie, una cantimplora y un morral cargado de víveres.

Decía que estoy ahora en la Terminal 4 y que una vez más, como siempre me sucede cuando llego a ella, maldigo mi estampa por haberme olvidado de lo que el sentido común sugiere: recurrir a los servicios de cualquier línea aérea que no despegue de allí. Sabido es que en la tierra de los ciegos… Las restantes terminales de Barajas, que de por sí no son gran cosa, se convierten en paraísos cuando se las compara con la 4.

Si vas en clase turista, ¿y quién no lo hace a menudo?, ya no se puede acudir en el lugar mencionado, como en cualquier parte del mundo, al mostrador de facturación. No. ¡Qué va! Tienes que recurrir a una máquina odiosa y teclear en el salpicadero de sus confusos mandos oscuras claves que parecen jeroglíficos egipcios. Yo, que ni siquiera sé sacar billetes de metro con ese sistema, me veo obligado a caer de hinojos ante cualquier persona uniformada, ya sea varón, ya mujer, que se me ponga a tiro y suplicarle que me ayude como se ayuda a un niño perdido en unos grandes almacenes.

Es la primera humillación. Luego vienen las restantes…

¿Humillaciones? No, no. Llamemos a las cosas por su nombre: vejaciones, violaciones de los más elementales derechos humanos, torturas dignas de la Inquisición, de la Gestapo, de la Lubianka, de los sicarios de Fumanchú, que deberían estar penadas por la legislación vigente en cualquier país que presuma, como lo hace el nuestro, de ser una democracia. ¡Y aunque no lo fuera!

Me refiero, la duda ofende, a todas esas tonterías que en nombre de la seguridad se perpetran en las bocanas de acceso a las zona de embarque.

Tonterías, digo, porque no sirven para nada, y si sirvieran, tampoco eso las justificaría. ¿Cabe, acaso, mayor inseguridad que la de coger un avión, haya o no haya terroristas en sus asientos?

Seguiré en la próxima entrega. Hoy ya he escrito demasiado. Todo blog es, por definición, un coitus interruptus. ¡Y, además, para lo que me pagan!

Publicado en: ...el @ 21:33 Comentarios (1)

EL LOBO FEROZ: Mar de todos

Sentirme a gusto en Valencia. Fallas, paellas y toros. Llovía, pero nada puede el cielo donde sobra corazón. El primer día vi a Morante salir de la plaza con asombrosa dignidad e impavidez en medio de una bronca de gran aparato eléctrico. Iba despacito, indiferente al triunfo y al fracaso, esos dos impostores (dijo Kipling). El viernes, después de que Ponce animara el cotarro, el presidente del festejo sufrió un ataque de amnesia, olvidó lo que unos minutos antes había hecho Castella y negó a éste el trofeo que el público exigía. El griterío de la afición fue mascletá sin pólvora. Dos tardes después, en la del domingo, se hizo justicia a un torero que pronto será leyenda. El día de san José salí del coso y me fui entre petardos hacia el hotel. Por el camino, farruco yo frente al clima, me bebí una horchata. Sabía a novia. Los ninots, ya en capilla, aguardaban el momento de la ejecución. Yo lo había sido, ninot, en el 94, pero no asistí a la quema de mi efigie por culpa de un “bollicao de buena factura” (así la llamó en El Mundo el bestia de Xavier Domingo) que se me llevó con la muleta de su minifalda al río. Tomé dos martinis en el bar del Astoria, me calcé una chupa, por el relente, y me fui hacia el Ayuntamiento. Estaba a rebosar. Saludé a un compañero de cárcel: Enrique Múgica. Estreché la mano de Camps. Besé a Rita y a Carmen Alborch (para que no digan). Admiré de reojo el palmito de las falleras. Charlé con Reyes Monforte, que no llevaba burka, pero sí amor: el de Pepe Sancho. Hablé de toros con Ponce, Amorós, José María Cano, Santonja y Boadella. A la una en punto, ya todos en el balcón, estalló la calle, la plaza y el orbe. Yo nunca había visto la cremá. ¡Tonto de mí! Me quedé traspuesto. Pensé que los marines, sorprendidos por el alboroto, estaban a punto de desembarcar y que los trallazos de las tracas iban a reventarme los bypasses de las arterias. La noche se hizo lenguas de fuego y de emoción: un pentecostés. Era todo, lo dijo Góngora refiriéndose a una hoguera, “mariposa en cenizas desatada”. ¿Sic transit? Cierto: ninots en llamas, filosofía de lo efímero. No somos nadie. Ya, pero de pronto deflagró la música. Un pasodoble (imaginen cuál) y dos himnos (imaginen cuáles). ¿Gloria mundi? No sólo. Nuevas glorias a España. Felicité a la alcaldesa y pensé en Quevedo: “serán ceniza, pero tendrá sentido”. Fallas, paellas y toros: cultura, señores. La del Mediterráneo. Mare nostrum, mar de ellos, mar de todos. ¡Visca Valencia!

Publicado en: ...el @ 21:31 Comentarios (0)

EL COBAYA: Elixir (3)

Hoy hablaré de afrodisíacos. Seguro que crece el número de mis lectores. Acabo de intervenir en el magazine matinal de Susana Griso y tengo un subidón de testosterona. Esa excelente periodista es la feliz propietaria de las piernas más hermosas de toda la Unión Europea. Se lo he dicho a pantalla abierta y se ha puesto colorada. El rubor la favorecía. A ninguna mujer en sus cabales le molesta un piropo. Me consta. ¿Saben ustedes, por cierto, cuál es la etimología de esa palabra, antaño tan frecuente y hogaño tan en desuso? Viene del griego: pir (fuego) y opos (rostro). ¡Fuego en el rostro! ¡Qué metáfora tan certera! Me cuenta Susana, ya por los pasillos de Antena 3, que hace un porrón de años le ofrecieron la posibilidad de convertirse en icono publicitario de una marca de medias. Medias, digo… Las de verdad, las que todas las chicas llevaban cuando yo me inicié en el asunto que no tiene enmienda. No los horribles pantis, que son un cinturón de castidad y convierten en maniquíes de escaparate de mercería barata a las que los llevan. La confesión de mi interlocutora me deja grogui, porque las medias fueron el primer afrodisíaco que yo tomé. Lo sigue siendo. Al hacer el equipaje meto siempre dos o tres pares en la maleta por si alguna chica cariñosa se cruza en mi camino. Mano de santo. Iba a hablar hoy del Cialis. Es mi nuevo afrodisíaco. Tomo una dosis de mantenimiento: cinco miligramos al día y… Pero Susana Griso, hace una hora, me dejó tarumba con su feroz cruce de piernas (llevaba minifalda) y no ha podido ser. Quédese el Cialis para la próxima columna. Ya sé, ya sé que ésta de hoy es, con perdón, una cachondada. ¿Y bien? ¿No es el sexo salud? Disfruten de ella.

Publicado en: ...el @ 21:26 Comentarios (0)

DRAGOLANDIA: Apagón informativo

Ya no puedo leer El Mundo, ya no puedo ver la tele…

Y eso, ¿por qué?, se preguntará el lector. Pues por aquello que Sebastián decía a don Hilarión en La Verbena de la Paloma: “hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad”. ¡Y tanto! Tómese al pie de la letra.

Empiezo por la tele. Verla, lo que se dice verla, no es cosa que haga a menudo, pero a veces, muy de tarde en tarde y por lo general a la hora del telediario o en ratos tontos de los hoteles, pico.

Pues ya, por culpa del dichoso apagón analógico, ni eso.

Mi mujer ha comprado el puñetero aparatito que sirve, en teoría, para adaptarse a los nuevos tiempos y…

Ahora hay dos (dos, digo) mandos a distancia. ¡Por si manejar uno no fuese ya, de por sí, suficientemente complicado! No sé en qué orden hacerlo, me aturullo, pulso el uno, pulso el otro, vuelvo a pulsar éste, vuelvo a pulsar aquél, y la pantalla se llena de nieve o de imágenes borrosas y sonidos apagados que parecen de ultratumba. Poltergeist.

Mi mujer me echa entonces una bronca porque lo he desintonizado todo y según dice, había estado no sé cuánto tiempo poniendo orden, con la ayuda de un manual de cientos de páginas, en las tripas, lucecillas, botones, enchufes, cables, chips y testículos del televisor.

Un desastre. Se acabó la tele. Ya no intento verla.

Tampoco la radio me sirve de mucho, porque no sé cómo se buscan en el dial ni en el laberinto de las frecuencias (AM, FM, LM… ¿Qué será eso?) las emisoras que me gustan. ¿Cómo diablos se las apañará la gente? ¿Se aprenden las cifras de memoria? ¿Soy yo el más tonto del pueblo?

Voy para atrás. De pequeño sí que era capaz de poner la radio. Ahora me limito a encenderla mientras me ducho, me visto y preparo las setenta y tantas píldoras de mi elixir de la eterna juventud, y lo hago al tuntún. Lo que sale, sale, con tal de que no sea música ni hablen de deportes (cosa que, por lo demás, hacen a todas horas), y ya está.

Pero mucho peor es lo que me sucede con la prensa escrita. Leer El Mundo antes de empezar mi tarea de escritor es para mí -o, mejor dicho, lo era- un sacramento, un rito, una ablución matinal, un deber, un placer, un estado de trance… Lo era, digo, porque esa imperiosa y agradabilísima costumbre se me está poniendo muy, pero que muy cuesta arriba.

Lo explico. Cuando estoy en España y, dentro de ella, en un algún lugar relativamente habitado, voy al quiosco, aunque cada vez sea más difícil encontrarlos, y asunto resuelto. Las dificultades empiezan cuando estoy en Castilfrío -el punto de venta de periódicos más cercano está a veintitrés kilómetros de mi casa y, por si fuese poco, la nieve me impide a menudo salir de ella- o en las quimbambas del extranjero, donde paso, por lo general, la mayor parte del año. No cabe, entonces, más recurso que internet, y a ella, hasta hace cosa de una semana, recurría.

Ahora, ya no. Ahora mis jefes, compañeros y colegas se han sacado de la manga eso de Orbyt, y catapún… Se acabó la diversión. Llegó Pedro Jota y mandó parar.

Por más esfuerzos que hago y que hacen quienes me ayudan (Naoko, Javi, que es ingeniero de comunicaciones, y el eficacísimo equipo informático de Unidad Editorial) no consigo ir más allá de la primera página, y eso de poco me vale, porque ni siquiera me queda el consuelo de leerla. Su tipografía es minúscula. Me desojo, y nada. Ya sé, ya sé, que hay una especie de zoom en alguna parte oculta del mapa del tesoro, pero no acierto a localizarlo ni, cuando alguien lo hace por mí, sirve eso para mucho, porque la página en cuestión se agiganta, se trocea, se desborda, sobrepasa los límites geográficos del ordenador y sólo alcanzo a ver media docena de líneas impresas en caracteres tan gordos como las letras superiores de los carteles que los oftalmólogos enseñan para graduar la vista de quien acude a ellos.

Fue el propio Pedro Jota quien el otro día me ponderó las ventajas del nuevo sistema de consulta de las cabeceras que dirige y se prestó, incluso, amablemente, a mostrarme y demostrarme las maravillas de Orbyt en la pantalla del ordenador de su despacho. Y sí, cierto, tenía razón, y yo se la doy, vistos allí tales prodigios, pero no contaba con que éste su seguro servidor es, como insinué antes, el más tonto del pueblo.

Llegué a casa, puse manos a la obra, y lo dicho. Tuve que bajar al quiosco.

Dentro de unos días me voy a Japón para pasar allí una larga temporada. ¿Qué diablos puedo hacer para seguir leyendo en tan remotas tierras mi periódico favorito mientras desayuno arroz blanco, té verde y pescado crudo?

El náufrago que esto escribe sólo tiene un tablón al que agarrarse: la versión digital de El Mundo, la misma en la que aparece lo que ahora acabo de escribir, pero ¿qué será, ay, de mí el día en que Baeta, capitán de este último asidero, decida ponerlo en Orbyt?

Braceo. Estoy desesperado. Ni tierra ni barco a la vista. ¡Socorro! ¿Hay alguien ahí?

Publicado en: ...el 11 Julio 2010 @ 01:24 Comentarios (202)

EL LOBO FEROZ: La siniestra

El cinismo de la izquierda no tiene límite. Véase, por ejemplo, lo que la tribu de la ceja y de la jeta dice a propósito de Cuba. Cabría excusar a esos cuates si no hubiesen estado nunca en la isla aplastada por los malhechores castristas, pero no es el caso. Van a menudo. Yo lo he hecho en dos ocasiones y no habrá una tercera hasta que los disidentes y los de Miami tomen La Habana. Entonces, sí. Entonces volveré a la isla con el mismo buen humor con el que Hemingway llegó al bar del hotel Ritz de París en el 45 y compartiré con los unos y los otros daiquiris, mojitos y, sobre todo, cubalibres en los mostradores de madera tropical de una de las ciudades más hermosas de la tierra. Pero dejemos, por ahora, eso, que está al caer, y echemos un vistazo a Italia. Allí llaman sinistra (en español siniestra) a la izquierda y no cabe mayor exactitud semántica. Los enemigos de Berlusconi, desesperados por la imposibilidad de derrotarlo limpiamente en las urnas, se aferran con asombrosa inverecundia al chusco episodio del recadero del Pueblo de la Libertad que se despistó mordisqueando un panino y llegó tarde a la ventanilla donde tenía que inscribir las listas de su partido para la inminente convocatoria electoral del Lazio. Un gag de película de Totó al que los vitelloni de la siniestra convierten en burrocrática disculpa para ser ellos solos los que se enfrenten, sin adversario alguno, al desafío de la voz del pueblo. Parece mentira, de puro tonto, pero es verdad. Patalean esos carotas, se encunan en la letra menuda de la ley al precio de transgredir su espíritu, hacen de su deshonestidad virtud y acusan a Berlusconi de dar un golpe de estado contra la democracia cuando son ellos quienes quieren convertir ésta en pantomima de partido único. Si Unamuno levantase su cabeza de búho sabio les diría que no quieren convencer, sino vencer, chupar de la teta del Antiguo Régimen despilfarrador al que Berlusconi está metiendo en cintura y volver a las andadas por ellos en un país que la sinistra quiso y quiere destrozar. Sólo en una cosa tiene razón esa partida de hipócritas: con los fuleros no se juega. Lo ha dicho la Bonino. ¿Pensaba en los suyos? Precisamente por eso, si yo fuera italiano, votaría al Cavaliere, suponiendo que los talibanes de la izquierda y de la magistratura le permitan concurrir a los comicios. Italia me da envidia. Allí tienen al único líder europeo que no es clónico ni lúgubre y que, en vez de pastelear, gobierna. Aquí… Mejor me callo.

Publicado en: ...el @ 01:20 Comentarios (2)

DRAGOLANDIA: Más sobre Delibes

El otro día, con las prisas, me olvidé de algunas cosas. Son éstas…

Traditio, de donde tradición, significaba en latín entrega y aludía a lo que los miembros de una generación entregaba, en efecto, como legado de sabiduría a los cachorros de la generación siguiente. Ese suma y sigue, ese toma y pasa, se conocía, siempre en latín, con una espléndida metáfora: la aurea catena, la cadena de oro. Sin ella se pierde todo lo aprendido por el ser humano desde que el simio se irguió y empezó a andar, a reflexionar, a mirar hacia dentro y a contemplar lo de fuera.

Por eso decidí hace ya mucho tiempo ser de por vida un conservador. Sin la traditio, sin la aurea catena, el mundo, en vez de avanzar, retrocede. Es lo que ocurre desde el siglo VI antes de Cristo. Vamos constantemente a menos y a peor.

Delibes rescató, conservó, difundió y canonizó la lengua de Castilla. Nos la entregó, pero los planes de estudio vigentes en la democracia la han pulverizado. Hoy ya no habla casi nadie así, y los pocos que lo hacen, por razón de edad, tienen un pie en la tumba y el otro a punto de posarse en ella.

El extraordinario escritor fallecido el viernes es el último eslabón de la cadena de oro del idioma. Con él se extingue algo que empezó a andar (o a manifestarse por escrito) en las Glosas Silenses y Emilianenses, en las jarchas, en el mester de juglaría y en el de clerecía, en los tetrástrofos monorrimos, en la cuaderna vía… Nadie volverá a escribir como Delibes.

Fue éste, como digo, un escritor extraordinario, pero fue también algo más: una buena persona. De nada sirve lo primero, ni la vida, en general, si no se llega a ser lo segundo.

Y una apostilla que ya es historia o que podía haberlo sido. Cuando los Ortega Spottorno fundaron El País, con mayúscula, periódico que no tardaría en írseles de las manos, se barajaron dos nombres para dirigirlo: el de Julián Marías y el de Miguel Delibes. Ninguna de esas propuestas cuajó. De haberlo hecho viviríamos hoy en un país, con minúscula, diferente.

Liberalismo o socialismo: that was the question.

Publicado en: ...el @ 01:16 Comentarios (1)

DRAGOLANDIA: La luz del ciprés

Sea. Cedo. Dedicaré estas líneas a Delibes.

Son las doce del mediodía del viernes 12 de marzo. El sol, a esa hora, cae en vertical sobre el mundo, lo que significa que los árboles, por su luz cenital iluminados, no dan sombra. Delibes, de ese modo, lleva la contra en mi blog a lo que el título de su primera novela aseguraba.

No sé, por otra parte, en qué cementerio van a enterrarlo y, por lo tanto, tampoco sé si habrá cipreses montando guardia entre las tumbas. Enhiesto surtidor de sombra y sueño es ese árbol. Lo dijo Gerardo Diego a propósito del que aún hoy despunta en el claustro del monasterio de Silos. Pero el mundo de Delibes, que fue de campo, jara, pólvora, perdices, román paladino, gentes del común, honor y horizonte abierto, ya no existe. La tecnología, la LOGSE, la desarrollitis, la urbanitis y la cementitis se lo han cargado. O mejor dicho: sí existe, pero sólo en las páginas de sus libros. Toda su obra fue beatus ille, madre natura, lira de Fray Luis, menosprecio de corte y alabanza de aldea.

Yo estoy ahora ahí: en un villorrio. El de Castilfrío. Seguro que Miguel lo conocía o, de no ser así, seguro que le habría agradado conocerlo. Escarcha, estepa y silencio en torno a mí y lugar que ni pintiparado para releer el Diario de un cazador, que es, entre todas las obras de Delibes, la que más me gusta, acaso porque fue la primera que leí. Pero conste, en esta hora de su muerte, que a partir de ese instante me convertí en lector devoto de su obra. De toda su obra, sin excepción.

No iré a su entierro. Me he resistido -ya lo insinué- a dedicarle estas líneas. Me han
llamado de seis periódicos (incluyendo éste), cinco radios y otras tantas televisiones en las últimas horas para que dijera algo acerca del hombre que acaba de morir y con el que sólo hablé dos o tres veces en mi vida. A todos les he dicho que no, que no me gusta la necrofilia ibérica, que tampoco a él le gustaban esas pompas (el metal de los premios, decía), que en circunstancias así todos los comentarios sobran, por ser obviedades, y que la mejor forma de honrar a quienes mueren es el toque de silencio.

A él me acojo, con él lo saludo por última vez.

Amigo Delibes: seguro que ahí arriba, como al final de los cuentos de tu Castilla vieja, serás feliz y comerás todas las perdices que cazaste aquí abajo.

A comienzos de los setenta, en un curso de la Bryn Mawr, te reproché yo, hippy recién llegado a la sazón de Asia, ecologista ceñudo y seguidor de Buda, que defendieras la caza. Tú me miraste con sorna de labriego, sonreíste y me dijiste que la perdiz, cuando vuela, se dirige a la cazuela. Tenías razón.

Ahora eres tú quien ha emprendido el vuelo… Reencárnate, Miguel, y vuelve pronto, aunque, como escribiese Cervantes casi al final de sus días, ya no queden pájaros ni perdices ni escritores ni lectores de antaño en los nidos de hogaño.

Publicado en: ...el @ 01:13 Comentarios (2)

EL LOBO FEROZ: Josué en Olivenza

EL LOBO FEROZ
Josué en Olivenza

Tres días gloriosos. Empezó esa cuenta el jueves. Boadella estrenaba su última obra en el Teatro del Canal: un derechazo en la mandíbula de los espectadores. Deslumbrador y desgarrador, dije al salir. En el asiento contiguo me tocó Enrique Ponce. Era un barrunto. El viernes por la tarde tiré para Olivenza. Llovía como en los tiempos del Arca. Seguro que suspenden las corridas de la Feria, pensé, pero siempre me quedará el consuelo de pasar por El Cristo, que está en Elvas, a dos pasos de donde voy. Aquello es el parque jurásico del marisco, con centollos como diplodocus y cigalas como tiranosaurios. Sus cocineros gritan dos veces al día ¡No pasarán! mientras los diablos gastrocidas de Ferrán Adrià trepan con sus tridentes por las murallas del buen comer. Los necios, a todo esto, se desmelenaban como plañideras en el hemiciclo de la Generalidad. ¿Necios? Sí: los que no saben. No insulto, sino que defino, sólo por lo que hace a la tauromaquia, a Wagensberg y Mosterín. Necedades diría también yo si me pusiera a pontificar sobre asuntos de física o de matemáticas. Total: que el sábado, después de la comilona, me fui hacia la plaza y… Cuentan los lugareños que Cutiño, su empresario, llevaba tres días de hinojos ante el Señor de los Pasos, que es el patrón del lugar. A saber, pero lo cierto es que el sábado por la tarde apenas llovió, mientras Tomás y Perera hacían de las suyas, y el domingo por la mañana, en el colmo ya de los milagros, salió el sol. La corrida era matinal. Llegó el cuarto toro, que era el segundo de Ponce, se abrió de capa el torero, y olé. Fue tan grande lo que hizo, toreó tan bien, con tanto temple, inspiración, imaginación, arte, suavidad, elegancia y gracia, que el tiempo se detuvo y el sol, para verlo torear, también. Los ángeles aplaudían. El último tercio duró más de doce minutos, y hasta el duodécimo, saltándose cuanto dispone el Reglamento, el presidente no se atrevió a decretar el aviso. Yo miré el reloj y vi que las manecillas estaban tan en suspenso como el ánimo de las hermosas gentes del toro allí congregadas para rendir homenaje a éste, que por su nobleza debió ser indultado, y a los últimos héroes que en el mundo quedan. Ponce fue Josué ante los muros de Gabaón, “y no hubo día como aquél, ni antes ni después, porque Jehová, habiendo atendido a la voz de un hombre, peleaba por Israel” (Jos 10:14). ¿Sólo por Israel? ¡Ojalá lo hubiesen visto Mosterín y Wagensberg! De sabios como ellos es cambiar de opinión.

Publicado en: ...el @ 01:12 Comentarios (2)